domingo, 15 de marzo de 2009

243. Salon du Livre 09


Amélie Nothomb y Tahar Ben Jelloun en el Salon du Livre Paris 09. Fotos de Sharif Bujanda.


México es el invitado de honor del Salón del Libro de Paris este año.
Significa que dicho país cuenta con el área más prominente y en torno a él hay múltiples actividades. Por ejemplo, las editoriales invitadas muestran los libros que han sido traducidos, las estaciones de radio con un estudio remoto ahí mismo hacen entrevistas a escritores, editores y traductores. También hay conferencias, mesas redondas y firmas de autógrafos. Por lo demás es una feria del libro como cualquier otra, con grupos editoriales presentando sus productos y propuestas además de otros países con stands generalmente modestos. Suiza, en calidad de país francófono cuenta con un espacio mayor y curiosamente Quebec también tiene su stand propio, de considerable tamaño. Da la impresión de ser otro país invitado y no sólo una provincia Canadiense, de hecho, reafirmando la idea -y como dato curioso-, entre las guía turísticas encontré una muy breve, con la forma y formato de un 'pasaporte quebequés', con la flor de Lis a manera de escudo.
Pues bien, sábado y domingo dediqué mi tiempo a vagar y conocer libros y también personas. Series de pláticas llamadas "Una hora con…" fueron programadas para los escritores mexicanos. Mi sorpresa fue que de entre ellos solo conocía a unos cuantos. Es más, había nombres que ni siquiera me decían algo y aunque he pasado algunos años viviendo fuera del país, estos autores estaban ahí por ya ser "representativos de la literatura mexicana contemporánea", de tal modo que no son nuevos en el campo.
En fin que confirmé lo que desde hacía tiempo sospechaba, y es que mi atención literaria siempre ha estado más fuera que dentro de México. La forma más fácil de comprobarlo es dándome cuenta cómo, de esos nombres, sólo figuraban unos cinco en mi lista de libros alguna vez  leídos. Tres eran los pilares obligados de la literatura mexicana contemporánea: 
Octavio Paz, Juan Rulfo y Carlos Fuentes. 
De ellos, prefiero por mucho a Rulfo, quien sólo escribió propiamente dos libros. 
De entre los 'mortales' (y vivos), hay solo dos a los cuales sigo y leo con frecuencia:
Ambos pueden considerarse como 'atípicos' en la literatura mexicana y además son, como personas, referencias singulares para mí:

Jordi Soler trabajaba en Rock 101 una estación de radio -que como su nombre sugiere- era de rock muy clásico y también poco comercial y experimental. Su transmisión marcó a una generación de capitalinos entre mediados de los 80's y mediados de los 90's. Soler tenía un programa nocturno correctamente llamado por su temática "Argonáutica, Literatura y Rock and Roll" y que yo solía escuchar. Ya en la universidad comencé a leer sus libros y fue sólo hasta el viernes que a través de las bocinas de la sala de conferencias escuché nuevamente la misma voz de un programa radiofónico desaparecido hacía más de una década. Mi cerebro tuvo que hacer ajustes para fundir la voz con el hombre sentado ahí enfrente y los libros leídos, todo de diferentes tiempos y lugares.

Alberto Ruy Sánchez era digamos que mi vecino. Hace años trabajaba en una casa de cultura y al lado se encuentra Artes de México, la revista que dirige él. Compré uno de sus libros porque está ilustrado con caligrafías de Hassan Massoudi, un magnífico artista iraquí refugiado en París. Encontré el libro muy interesante y en la contraportada descubrí que la oficina del escritor estaba a unos metros. Fui con su secretaria, le dije que trabajaba ahí al lado y que me gustaría entrevistarlo brevemente para una revista en la cual yo colaboraba entonces. Pensé que era improbable, pero que valía la pena intentarlo. Aproximadamente un mes después había media hora en su agenda para la pequeña entrevista. Al final fue más o menos una hora de una plática informal, entretenida e ilustrativa que definitivamente me animó a seguir su carrera literaria. Diez años después Alberto sigue siendo un escritor amable y carismático, además de muy interesante.
Hubo pocos poetas y dramaturgos invitados. De cualquier manera no sé leer teatro (el único libro de teatro que he leído es Esperando a Godot, además de algo de Shakespeare en la escuela). Y el único poeta al que aprecio, leo -y releo- y del cual compro libros cuando llego a encontrarlos, es Rubén Bonifaz Nuño, supongo que ya muy grande para andar en estos eventos y mucho más conocido como filólogo que como poeta. Lo otros poetas que me han llegado a gustar (nunca en esa medida) son, además de extranjeros, por todos conocidos y están sin excepción alguna, muertos.

Como nota final, tuve un encuentro sorpresivo y sumamente agradable: En el stand de Gallimard, Tahar Ben Jelloun, mi autor francófono preferido, estaba firmando libros. Me preguntó si yo era argelino, le dije que mexicano y me platicó que hace un mes estuvo de visita por allá. En la dedicatoria escribió "Viva México".

1 comentario:

  1. Superada la agradable sorpresa del sombrero erasmista de Amélie Nothomb, he saboreado tu crónica con más sosiego. Espléndido tocado. Y la crónica nos acerca a algo que es difícil de acometer: la actualidad, sea cual sea y desde donde quiera que la hagamos (siempre y cuando no sea desde el engreimiento y las ideas preconcebidas).
    Me encanta este blog porque no hay sombra ni de una cosa ni de la otra y sin embargo ¡se aguanta!
    Es muy significativo que Rulfo no tenga una obra extensa, pero que sea tan deslumbradora, tan rica y tan auténtica y nítida como el reflejo de un espejo.
    Creo, para acabar y ya, que hay tantos escritores o tanta gente que escribe y publica hoy en día, que es imposible mantenerse informados.
    Saludos al pabellón mexicano y que viva México.

    Jo... con el sombrero.

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